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¿Por qué la agroexportación peruana sigue creciendo en medio de la pandemia del COVID-19?

10 de junio de 2020.

Resulta interesante que pese al devastador efecto económico del COVID-19, la agroexportación se mantiene como el único sector en el Perú que muestra crecimiento frente al año anterior. En el primer cuatrimestre del 2020 (enero-abril) las exportaciones agrícolas no tradicionales del país sumaron US$1.898 millones, lo que equivale a un incremento de 3.9% versus el mismo periodo del año anterior.

Para poner la cifra en perspectiva, consideremos el movimiento de otros sectores exportadores peruanos: la minería tradicional cayó en 19.4%, los hidrocarburos en 43% y la pesca en 49.8%. Entonces, ¿por qué la agroexportación sigue en auge durante la pandemia?

Para empezar, la demanda internacional por alimentos sanos y superfoods ha repuntado justamente debido a la crisis de salud. Los alimentos altos en vitaminas, proteínas y antioxidantes son altamente recomendados para mantener un sistema inmunológico fuerte y proteger al cuerpo de enfermedades y bacterias. Las frutas y hortalizas que exporta el Perú son apreciadas por su aporte nutricional y por ello gozan de mayor demanda en el mercado internacional. En lo que va del año, se incrementaron los envíos de mango fresco en 21%, de uva en 31% y de mandarina también en 31%.

El caso del jengibre (kion) es particularmente fascinante, ya que la planta registra un crecimiento de 168.7% en el primer cuatrimestre del año. Esta subida se ve reflejada en su precio de exportación, el cual pasó de US$1.77/kg FOB en 2019 a US$2.14/kg FOB. Los grandes productores asiáticos de jengibre sufrieron de dificultades en la oferta debido a retrasos en los envíos, cierres de fronteras y complicaciones climatológicas. Esto presentó un panorama atractivo para los productores de jengibre peruano, quienes aprovecharon en reforzar sus envíos a mercados desabastecidos como Alemania (+235.1%), los Países Bajos (+278.9%), Francia (+26,833.2%) e Italia (+769,587.5%).

Otra particularidad que ayuda al sector a sobrellevar la crisis son los altos estándares de inocuidad impuestos por el gobierno peruano para la salida de productos alimenticios, inclusive previo al brote del coronavirus. Desde 1992, el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SENASA) mantiene programas de vigilancia fitosanitaria, buscando erradicar plagas y enfermedades que afectan la producción agrícola. A su vez, las exigencias de los grandes mercados compradores en Norteamérica, Europa y Asia constriñen a los productores peruanos a contar con certificaciones internacionales que garantizan las buenas prácticas agrícolas (por ejemplo, GLOBAL G.A.P. y BRC).

Por ello, los estrictos protocolos de sanidad no son sólo una recomendación en el mundo de la agroexportación, sino una obligación comercial. Las desinfecciones rutinarias, lavado diario de uniformes, uso de EPPs y los controles de calidad son procedimientos ya establecidos desde antes de pandemia. A esto se suma el rediseño de las líneas de procesos y el uso de equipos como los paneles de optimización de distanciamiento (PODs) para mantener una separación adecuada entre los colaboradores. Estos esfuerzos han permitido que el sector se encuentre mejor preparado para seguir operando en medio del contexto del COVID-19.

Ahora, esto no significa que el sector agroexportador es totalmente inmune a los efectos de la pandemia. A pesar de que las cifras siguen al alza, el crecimiento está por debajo de lo proyectado por el Ministerio de Agricultura a fines del año pasado (13%). Además, queda pendiente analizar las cifras oficiales de mayo, las cuales determinarán si el crecimiento del primer cuatrimestre se mantuvo en el tercer mes de cuarentena.

El Perú también tiene la desventaja de ser el segundo país con más casos registrados de COVID-19 en la región, con una tasa de contagio que sigue en aumento. Esta situación restringe a la población económicamente activa y genera complicaciones en la cadena logística, en particular para aquellos productos que provienen de regiones alejadas de los puertos costeros.

Por otro lado, la recesión económica mundial pone en aprietos el nivel de ingresos disponibles de los consumidores en los mercados de destino. Si bien por el momento existe una fuerte demanda por alimentos frescos y saludables, una recesión alargada tendrá un efecto inevitable en el consumo de productos no considerados de primera necesidad. Las frutas frescas importadas como la palta son relativamente costosas frente a otras alternativas de alimentación, y por ende dejarán de ser consideradas dentro de la canasta de consumo si es que se extiende el periodo de baja prosperidad económica.

Es por ello que la adaptabilidad de la economía mundial en todo aspecto es crítica para las exportaciones peruanas. En cuanto se diseñen e implementen protocolos de bioseguridad efectivos en todos los sectores, se dará una reactivación económica que impulsará el comercio internacional. Por lo pronto, es imperativo que el gobierno dé apoyo continuo a la cadena logística, así como a las PYMEs agroindustriales, quienes enfrentan mayores obstáculos a la internacionalización. Con trabajo en equipo, se saldrá adelante.

 

Fuentes: SENASA.gob.pe , FreshPlaza.com , ADEX, ElPeruano.pe, Agraria.pe , ElComercio.pe , Andina.pe, Veritrade